Coviafutu entra en la etapa final de la obra

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La construcción de Coviafutu avanza a buen ritmo y, entre materiales, ruido y trabajo en cada piso, ya empieza a sentirse cómo será la vida allí. En la última recorrida por la obra se repetían las mismas escenas: familias midiendo ambientes, mirando dormitorios y pensando dónde irá cada mueble.

La cooperativa fue fundada por trabajadoras y trabajadores vinculados a AFUTU, el gremio de funcionarios de UTU. Con el paso de los años, algunas familias continuaron su camino en otros proyectos cooperativos y se incorporaron nuevos núcleos familiares. Hoy, la integran 36 familias que avanzan hacia la finalización de un edificio de 12 pisos con viviendas de dos y tres dormitorios, ubicado sobre Avenida Rivera y Brandzen, en pleno barrio Cordón de Montevideo.

Según confirmaron los arquitectos del IAT Integración Plural, el proyecto se encuentra cerca del 80% de avance. En ese marco, FECOVI participó de la visita a través de su secretario general, Daniel Logaldo, quien conversó con las familias y el equipo técnico sobre el estado del proyecto.

Denis Klaric, cooperativista e integrante de la comisión de Movilización de la Federación, recuerda que el camino hacia Coviafutu comenzó con la búsqueda de vivienda propia. “Pero se te van cerrando puertas por todos lados, sobre todo cuando sos trabajador y no tenés grandes ahorros”, cuenta. “Buscás préstamos y no te dan, o aparecen costos y comisiones por todos lados”.

En la cooperativa, dice, encontró una forma más colectiva de pelearla. “Acá hay gente en la misma que vos, empujando para el mismo lado. Y entendés que no es solo pagar una cuota: hay que participar, estar, y tratar de que nadie quede atrás”.

Denis llegó a Coviafutu en el año 2019. Primero quedó en lista de espera y cuando finalmente apareció un lugar, surgió otro problema: no llegaba al ahorro inicial que necesitaba para ingresar. “Pedí ayuda en mi trabajo y me apoyaron enseguida. Me prestaron la plata y me dijeron: ‘no nos debés nada, quedate tranquilo’. Eso fue lo que me permitió entrar”.

Dice que el clima actual de la cooperativa es de mucha expectativa. “Hay compañeros que ya están pensando dónde va el sillón o cómo acomodar el cuarto de los gurises”

También cuenta que, aunque hubo momentos difíciles, el grupo logró mantenerse firme. “Siempre aparecen problemas, eso es normal. Pero nunca tuvimos grandes conflictos. Hubo familias que crecieron en el medio, nacieron hijos, hubo que mover algunas cosas, reorganizar viviendas… y lo fuimos resolviendo”.

Una obra que avanzó con organización y trabajo conjunto

Desde el Área de Arquitectura del IAT Integración Plural, los técnicos que acompañan el proceso destacan el nivel de avance y el involucramiento de la cooperativa.

“La ANV marca un avance cercano al 70%, pero en la realidad estamos alrededor del 80%”, explica la arquitecta Grisel Campon. “Ya llegaron los ascensores y se siguen realizando las terminaciones”.

Campon subraya la participación de las familias: “El relacionamiento con la cooperativa ha sido excelente. Participan mucho y desde el comienzo se involucraron en la gestión. Eso fue clave en todo el proceso”.

También destacó el trabajo conjunto con la empresa constructora Fabra S.A., que permitió sostener el ritmo de obra en un contexto complejo.

El arquitecto Enrique Machado recuerda que el proyecto estuvo atravesado por incertidumbres económicas y cambios de contexto que impactaron en los costos. “Cuando la ANV aprobó el anteproyecto aparecieron situaciones muy complejas: la pandemia, la guerra en Europa del Este y una suba fuerte de las tasaciones. Los costos cambiaban permanentemente”.

En ese escenario, el equipo técnico y la cooperativa definieron una estrategia financiera para resguardar el proyecto. “Sugerimos solicitar el máximo del préstamo, pero usar lo mínimo necesario. La idea era no retirar más fondos de los imprescindibles, porque desde que se retiran empiezan a correr intereses. Eso permitió una administración eficiente”.

Campon agrega otro elemento: “Cuando cobramos los honorarios del proyecto, Coviafutu devolvió ese 15% que entendíamos que había quedado sobrante”.

Terreno complejo y demoras por las inundaciones

El predio también presentó dificultades desde el inicio. “Es un terreno muy complejo, irregular y con poco espacio disponible”, señala Machado. “Además, la obra arrancó durante las inundaciones de 2024. Estuvimos casi dos meses sin poder avanzar”.

A eso se sumó la falta de espacio para instalar el obrador. Campon recuerda que el predio había sido utilizado por cooperativas vecinas en obras anteriores. “Cuando se construyó El Terruño, se usó parte del espacio como obrador, y luego Coviafutu colaboró con Covibrandzen (afiliada al PVS del PIT CNT). Cuando empezó esta obra ya no había lugar disponible y eso complicó la logística”.

Pese a esas dificultades, la evaluación es positiva. “Los tiempos se vienen cumpliendo y las familias están contentas”, resume.

Del sorteo a la obra

Entre los principales desafíos, las familias señalan el tiempo entre el sorteo y la escrituración del préstamo. “Lo más difícil fue la demora: pasaron dos años. Pero después cuando salió el préstamo, la obra arrancó enseguida. Tuvimos que tener mucha perseverancia”.

Sin embargo, al hacer un balance del proceso, destacan la fortaleza colectiva que fueron construyendo: “No hemos tenido grandes problemas para lo que todo el mundo nos decía que íbamos a vivir. Y cuando aparecieron dificultades, las supimos resolver”.

Tanto las familias como el equipo técnico coinciden en que el proyecto avanza a buen ritmo y que el final empieza a sentirse más cerca.